David Asencio opina sobre el caso Maverick Viñales

David Asencio Padilla

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Con esta maravillosa frase comienza una de las escenas más desternillantes de La Vida De Brian. Ante esta cuestión aparecen numerosas respuestas que, al final, no sirven de nada, porque los romanos son el enemigo.

Algo similar ha ocurrido con Maverick Viñales. El equipo que hasta el momento le ha dado todo, el que le ha permitido crecer como piloto, que le ha dado la oportunidad de dar el salto al mundial, de ganar carreras, hacer poles, ser candidato al título, ha convertido en el enemigo.

Cuando sucedió la noticia fui de los que pensaban que volvería. No sucedió en Malasia pero sí lo ha hecho en Australia. Las cosas, a veces, solo tienen un color y en este caso el piloto y su entorno se han pasado dos pueblos, o más… Los logros del piloto son importantes, pero no tantos como para autoproclamarse el rey de la categoría, el campeón antes de empezar el campeonato y da la sensación que esto le ha ocurrido.

Muchísimos pilotos buenos se ven en la obligación de dejar de correr por falta de dinero. Él tiene una situación privilegiada que no ha sabido valorar correctamente, porque quiera o no, esto sigue siendo un deporte de equipo, donde cuando se gana lo hacen todos y cuando se pierde también. No se trata de una matemática exacta en la que todo encaja a la perfección. Es lo que se intenta y estoy convencido que a todo su equipo le gusta eso, ganar y hacerlo con el piloto que pensaron mejor para conseguirlo. Solo ese gesto, esa confianza que el equipo pone en el piloto y la reciprocidad en el pensamiento, pueden hacer campeones del mundo tanto a todo el conjunto, equipo-piloto.

Las aguas han vuelto a su cauce, con una disculpa del piloto, tardía pero correcta, tanto por escrito como cara a cara frente a los medios, reconociendo el error. Espero que esto le sirva de mucho, ya no solo como piloto, como profesional, sino también como persona. Esto último, las personas, es lo que al final queda. Y el motociclismo es eso, un deporte de personas, apasionadas por las motos y a las que les gusta competir y, si es posible, ganar.

Dejemos todo esto de lado, aprendamos de ello y miremos el Gran Premio como lo que es, un gran espectáculo.

Un tachón en una gran historia. ¿Quién no lo tiene?   

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