Firma Invitada: Te vendes muy mal

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Quien me conoce, pero de verdad, sabe del poco apego que le tengo a la vida. Esto me parece una broma de mal gusto, un tinglado montado en el que muchos sufren para el disfrute de unos pocos. No seré yo el que defienda la necesidad imperiosa de estar aquí a toda costa; si buscáis eso, este no es vuestro texto. Este fin de semana se nos fue Luis Salom, un chico de 24 años con un talento innato para ir en moto y una vitalidad desbordante. Quizás no tenía un carácter apaciguado, como otros, tenía genio sobre la moto, carácter y eso en ocasiones era bueno y en otras no.

Todo ha pasado rápido, demasiado rápido; todo ha seguido igual, o casi. El Gran Premio se ha celebrado, al parecer a petición expresa de la familia y ha recibido un gran homenaje por parte de los compañeros. Pero yo no quiero que termine en eso, en un simple “esto sigue” y quiero pararme, necesito pararme. Necesito sentir lo que ha ocurrido, reflexionar sobre ello, pensarlo. Sé que hacía lo que le gustaba, lo que amaba, pero quizás sirva su ejemplo para que, en esa parada, hagamos una reflexión un poco más profunda.

Tenía talento, lo tenía, pero tuvo que ser el equipo SAG el que le diese el abrigo necesario para poder proseguir con lo que le gustaba hacer. Una vez, una persona me dijo “te vendes muy mal”. En aquel momento me hizo gracia, lo reconozco, pero el curso de los acontecimientos me demuestra que, para la mayoría, es lo que cuenta. Has de venderte, mostrar la cara que el resto quieren que muestres. No basta con ser un buen profesional y hacer un buen trabajo; no, tienes que estar en la misma onda, ser “negro o blanco”, del Betis o del Sevilla, capillita o apóstata.

Pues me van a perdonar, pero prefiero mil veces seguir mi camino, como hacía Luis, seguir su camino, hacer las cosas como quería hacerlas y no mostrar una cara que no tenía. Quizás no era el “profile” que todo equipo desea para darle una extraordinaria estructura, porque eso significa dinero, sponsors, cobertura en los medios… ¿y qué?, ¿acaso no se trata de darle al mango?, ¿acaso no demostró que era un piloto muy, muy capaz? Pero ahí seguía, haciendo lo que quería hacer.

No entiendo la vida como un cúmulo de actos para ser el más políticamente correcto y que todos te “adoren”; eso ya lo hacen otros y sí, les va de puta madre. Pero yo no, no quiero eso. Son vidas aburridas, vacías, que no dicen nada, ni siquiera a ellos mismos. Se creen en la cresta de la ola pero no son más que… nada. El show debía seguir, demasiados intereses, demasiado dinero, quizás fuese eso o a lo mejor no, no lo sé. Pero la impresión que me queda es que alguien, en algún momento, pudo hacer algo mejor y no lo hizo.

Probablemente muchos de los que hayáis llegado leyendo a este punto, hayáis recibido algún mensaje, algún gesto, algún desprecio por ser como sois, lo que sois: moteros. Seguid montando en moto, hacedlo, que nadie os doblegue ni influya, seguid vuestro camino, como sois, moteros. Coged vuestras motos y haced kilómetros, vividla, sentidla, haced… lo que os apetezca hacer; no os vendáis. El mejor homenaje, para él, para los otros que se fueron y para ti mismo, es ser fieles a lo que sois, sin dobleces, para bien o para mal, pero auténticos.

Vidas largas y aburridas hay demasiadas. La mía será corta, o no, quién sabe, pero no me venderé.

Que la tierra te sea leve, Luis.

Ráfagas al cielo

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