Mapping 26: no es un Gran Premio triste.

Dani Pedrosa fue el estandarte de todo lo que el Motociclismo español es hoy en día y el abanderado de la mejor época que nunca haya vivido este deporte en nuestro país, capitaneando el mayor aluvión de pilotos ganadores, pilotos de contrastada calidad, que haya recibido el paddock nunca antes. Nunca.

Quizá me esté haciendo mayor para ser un gruppie o fan de un único piloto como sí lo fui de Pedrosa en su día, cuando el anuncio del Cola Cao, el de la Play, cuando barrió de un plumazo las dudas de su estado físico ganando su primera carrera en 250 cc sin haber tenido apenas pretemporada, aquella que gastó recuperando sus tobillos rotos en Australia. Todo un hito que hoy apenas se recuerda, como apenas se recuerda que ganó su tercer Mundial con la cabeza del húmero rota en secreto, aguantando hasta amarrar el título la cirugía necesaria, cuando no ganó literalmente porque no quiso su primera carrera de MotoGP. Para mí estos son los grandes hitos que Pedrosa le deja al Mundial y al deporte en general, mucho más que las cifras de podios conseguidas que de tanto repetirlas intentando justificar la valia de Dani han terminado por conseguir que se olvide estos momentos, que no se nombren con el impetú con el que deberían ser recordados. Quizá por esto, por haber sido Dani Pedrosa el mayor huracán deportivo que el mundo vio entre 2003 y 2006 haya sido tan crítico con él en tantas ocasiones en los que nunca se supo muy bien qué pasaba después de aquel periplo.

Pedrosa
Dani Pedrosa

Porque el abajo firmante también sintió la necesidad de defender a su piloto favorito, escribía cartas a Solo Moto o Motociclismo apoyando a Dani en 2007, devoraba todas las declaraciones de Pedrosa y sus rivales (Lorenzo, Dovizioso, Rossi, Stoner…), estudiaba las actas de tiempos desde el mismo viernes buscando qué había hecho Dani hasta el punto de formarme mi propio perfil sicológico tanto de Dani o de sus rivales creando mi propio universo de MotoGP. Lo cierto es que con el paso del tiempo precisamente mi tiempo y recursos ya no se dedican con la exclusiva dedicación que le dedicaba al conocimiento de los pilotos, incluso uno piensa que mis tiempos como opinólogo enteradillo no se extenderán mucho porque, sencillamente, ya no le dedico el tiempo que le dedicaba a formarme estos particulares perfiles sicológicos y con la retirada de Dani se va uno de los mayores archivos que he creado.

De aquellos tiempos hiperfreak, la peor retirada fue la de Kevin Schwantz, con aquellas fotos del tío K. llorando desconsoladamente y con el tío Wayne en la mente de todos, fotos que todos vimos a pesar de no existir  ni las webs ni mucho menos las redes sociales de aquel protointernet. Aquel día, como freak adolescente, sí que fue jodido: el pajarito, el que esperaba a ver a Dios para frenar, el que ganaba o se caía, el más decidido y loco sobre la pista, llorando tras quince días esperando tener alguna noticia del Mundial. Aún se me encoge el estómago al recordarlo.

Pero hoy no creo que la pérdida de Pedrosa sea algo triste de la misma manera que no me tomaría la retirada de Schwantz tan a lo tremenda como lo hice, hicimos, creyendo que era algo que iba a marcar el devenir del Mundial a la baja. Es más, creo que los recuerdos a Dani en la prensa se irán diluyendo y acabarán el mismo día de Jorge Lorenzo se suba a la Honda de MotoGP. Esto no es sólo justificable por la repercusión de la actualidad, es porque es inherente al deporte en sí.

Dani, se quiera ver o no, ha tenido la capacidad, oportunidad y excelencia de poder elegir cuándo dejarlo, sin el dramatismo de Kevin Schwantz, la desgracia de Rainey o el inútil y estúpido deambular de Capirossi por equipos satélites rellenando parrilla sin posiblidad de resultados a la altura de un tres veces Campeón del Mundo, una combinación que quizá, quizá, haya hecho de este 2018 el momento justo para colgar el casco. Porque en estos momentos, aunque se evite sacar el tema a toda costa, a pocos se les escapa qué circunstancias hubieran sido necesarias y suficientes para que Dani siguiera en MotoGP, y en mi opinión son deportivas sin más, por muchos culpables, personas, intereses o circunstancias que se quieran buscar fuera de lo que es Dani Pedrosa y su evolución desde su última renovación: por suerte o por desgracia han faltado esa constancia victorias que todo lo cura y ha sobrado todo lo demás, lesiones y demás cuestiones: Pedrosa no es Capirossi ni tiene necesidad de alargar innecesariamente su carrera.

Siento si alguien se ofende con esta obviedad de las victorias, pero la competición es cruel e injusta comparación, y su día a día no entiende de palmarés acumulado, el deporte es un asunto entre caníbales, en el que comes o eres comido, y en el que es absoluta necesaria esa intensidad a la que el mismo Pedrosa aludía en su discurso de Sachsenring, algo que venía siendo evidente (aunque decirlo estaba mal visto) desde antes de este año incluso. Ya en MotoRaceNation20 se trató el tema sobre lo que puede conllevar la falta de motivación en cualquier deporte, más aún en uno con un riesgo inherente como es el motociclismo.

Dani Pedrosa Alemania 2010
Archivo Repsol Media

Así que no creo que sea un día triste. Puede que la marcha de Pedrosa deje un hueco en un sector importante de la afición, pero el deporte sigue y nos traerá nuevos valores con los que vibrar, y con los nuevos valores llegaran nuevos devoradores de noticias, nuevos fans y nuevos gruppies de nuevos pilotos, nuevos opinólogos creadores de perfiles sicológicos y, con el paso del tiempo, nuevos amantes del deporte, es ley de vida y lo que hace el deporte grande.

Con Dani se irá el piloto que, repito con convicción, capitaneó la mejor época del motociclismo en este país y gracias a él tuvimos esa barbaridad nunca vista que fueron las temporadas 2003 a 2006, ni tan siquiera en Rossi o Márquez. Personalmente me quedo con estos años y con la garra que mostró en 2010.

@mnlt15

 

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