Alfredo Prádanos | .

Todo apuntaba a un triplete de Jonathan Rea en Imola, pero el mal tiempo obligó a suspender la segunda carrera y, del mismo modo, la de Supersport 300.

En la Superpole Race celebrada en seco el norirlandés se llevó la prueba de calle, rebasando a Davies en la primera vuelta y poniendo tierra de por medio. La sorpresa fue que el propio Davies superó a Bautista para ser segundo.

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Pero se cumplieron los pronósticos, y tras la carrera de Supersport comenzó a llover y empezó el espectáculo.

No cabe duda de que Imola ya no es un trazado que debiera estar en un calendario FIM, pero lo está. Circuito estrecho, con los muros muy cerca e impracticable bajo el agua.

Pese a la evidente imposibilidad de correr en unas mínimas condiciones de seguridad, demasiados antecedentes nos recuerda Imola, la organización trató de estirar el chicle organizando viajes por la pista en Safety Car, asambleas de pilotos e, incluso, llegó a hacerlos formar en parrilla dos horas después.

La mayoría de los pilotos opinaban con vehemencia que no querían correr, y no por la lluvia, si no por la cercanía de los muros.

Sobre las tres y media a la organización dio por cerrado el show y canceló las carreras pendientes.  Los pilotos agradecieron al público su paciencia haciéndoles regalos.

Rea se quedó sin la opción de firmar un triplete que tenía en la palma de la mano, y en Supersport 300 se chafó la primera pole de Mika Pérez y la primera fila de Ana Carrasco.

#SafetyFirst

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